
Rosita era una niña muy inteligente, amiguera, juguetona y muy inquieta.
Sus padres la querían mucho y cuidaban y estaban atentos para llevarla por buen camino, por lo cual existían reglas y supervisión sobre la “inquieta Rosita”.
Para completar los cuidados de Rosita, estaba en escena y acción permanente su hermano Paco, al cual amaba mucho, pero a ratos sentía y lo veía como una gran molestia, cual gendarme o miembro de la CIA, por ser quien la separaba de sus amiguitas, al ir a recogerla cuando estaba de visita o la llamaba por encargo de sus padres a comer o hacer sus deberes.
Pero quien más cercana estaba era su Mamita, de nombre Rosita igual que ella, la cual la peinaba, arreglaba y era muy amorosa con ella, pero a la vez era estricta y estaba en permanente supervisión, lo cual molestaba y entristecía a Rosita.
En la escuela, Rosita tenía a su querida maestra “Lichita”, monjita de carácter alegre, cariñosa y con la cual pasaba momentos muy bonitos, pues además de dar clases, tenían actividades de canto, donde destacaba la bella voz de su maestra y por si fuera poco, también se convertía en su compañera de juegos y consejera y amiga con quien compartía sus inquietudes infantiles.
No fue pues algo ilógico, el que la maestra notara, los cambios de actitud de Rosita, quien empezó a alejarse de sus amigas habituales y se juntó con otras niñas de comportamiento rebelde y con malas calificaciones y no fueron suficientes los regaños y castigos de la familia, los cuidados de Paco su hermano, procurando escaparse de su vigilancia para ir con su grupo de “nuevas amigas”, con quienes se divertía haciendo travesuras y “bulling” a compañeritas.
Al verla huraña con ella, rebelde e irresponsable en el cumplimiento de sus deberes escolares, se acercó para platicar y rescatar a “su pequeña amiga”, diciéndole, ¿“Rosita que pasa contigo”?, tu sabes que tu maestra te quiere por lo cual me preocupa que andes mal, pues te has alejado de tus amigas y de mí, y tu comportamiento y calificaciones son malas.
La niña se resistía a escuchar a su “querida maestra Lichita” y “refunfuñando” expresó su rebeldía para con su familia y en especial con su mamá, quien ahora se había convertido en una “verdadera molestia”, por sus regaños y exigencias constantes, pidiéndole: “tienes que comportarte bien y ponerte a estudiar, todo es por tu bien”.
Sólo aceptó escuchar a su maestra cuando la vio a punto de llorar, pues en el fondo la quería mucho, por el amor que siempre le había prodigado y se sentó a escuchar una historia que su maestra se puso a contar y que denominó: “La niña que alcanzó su estrella”.
Había una niña, que al igual que Rosita, tenía una mamá que la quería mucho, pero en todo lo demás era diferente, pues era viuda y tenía que trabajar para darle educación a su hija, la cual
tenía además de estudiar, el ayudar en casa en los quehaceres, lo cual no le dejaba mucho tiempo libre.
Sus momentos libres, los dedicaba a una actividad extraña para su corta edad, que era contemplar el cielo desde la azotea de su casa, donde soñaba con viajar y alcanzar la estrella más brillante del firmamento.
La niña se la pasaba renegando de su tipo de vida, sin reconocer el esfuerzo de su madre, quien trataba de convivir y ser amiga de su hija, además de ayudarla a estudiar, cuando estaba en casa a pesar de llegar cansada de su trabajo de maestra de escuela y llegar también a preparar sus clases y revisar trabajos y dar calificaciones.
La niña se convirtió en adolescente y a pesar del paso del tiempo, continuo su costumbre de subir a la azotea y soñar con “atrapar su estrella, viajando por el universo”, para escapar de su triste y miserable realidad.
Sin embargo no sabía lo que de pronto llegó, ya que en “ese desgraciado día”, regresando de la escuela, su madre murió, víctima de un drogadicto que la asalto quitándole su bolso, pero no contento con esto, la acuchilló.
La adolescente perdió a su madre, la escuela y el camino, pues se fue a rodar por las calles, se unió a pandillas y robando y consumiendo drogas le llegó su juventud, hasta que un día fue atrapada por la policía, cuando le arrebataba su bolso a una señora y fue recluida en la cárcel.
Por todas las cosas por las que había tenido que pasar en su corta vida, la hacían sentir un gran odio hacía toda la gente, su pensamiento era que no valía la pena vivir, por lo cual su conducta en el penal era de conflictos y pleitos con muchas de las reclusas, por lo cual ya la habían llevado al cuarto de castigos varias veces.
Estando en ese lugar y en estas circunstancias, le llamó la atención que varias de las reclusas mas peleoneras habían cambiado su comportamiento y la invitaban a las clases con “la maestra estrellita”, una monjita que visitaba el penal los martes, jueves y sábados para enseñar a las reclusas que quisieran y ya había logrado reunir a un grupo de 14, que tomaban clases desde nivel primaria y hasta de preparatoria y la mencionaban con mucho cariño cuando hablaban de ella, nombrándola como ya dijimos, como “la maestra estrella”, pues irradiaba luz con sus conocimientos, pero sobre todo de amor a sus “alumnas reclusas”.
El que la denominaran como estrella, y recordando sus sueños locos de niña de “atrapar y huir a su estrella”, fue lo que la motivo a asistir a sus clases, y ahí fue el inicio de una cadena de descubrimientos insospechable.
Descubrió mucho amor en la monjita denominada “la maestra estrella” , y no sólo eso, sino que aparejado a su nacimiento de ganas por estudiar, su cambio de conducta, la llegada del nuevo director del Penal, es que coincidentemente, la maestra estrella y el Director del penal fueron alumnos de su mamá y cuando saben que ella es su hija, va descubriendo el ser maravilloso que
fue su madre y el amor y dedicación que tuvo no solo para ella, sino también para sus alumnos, por lo cual le guardaban un gran afecto.
Ahí nació su vocación por enseñar y seguir el camino de su ya ahora querida monjita “la maestra estrella” , por lo cual siguió sus pasos y saliendo de la cárcel se fue a la congregación religiosa y se dedicó a ser maestra, concluyó su historia su maestra “Lichita”.
Rosita estaba, al final de la historia, con los ojos llorosos y arrepentida, con deseos de ser una buena niña, con mucho amor por su familia y en especial por su madre.
Y antes de que se lo dijera, ella ya había descubierto dos cosas: su querida maestra “Lichita” era la chica rebelde de la cárcel y “la estrella de sus anhelos era su madre”, quien siempre la guiaría por el buen camino y no debería esperar a que se muriera para descubrirlo, como le pasó a su maestra.-AAGA.