
Los lamentables hechos ocurridos esta semana en Bélgica, en donde murieron más de una treintena de personas, en un llamado por los medios de comunicación como un “Atentado terrorista”.
Las reacciones de varios países, son lógicamente de rechazo a estos hechos aberrantes, en el que muchas personas inocentes y sin ningún nexo aparente con los “extremistas” pierden la vida.
Pero muchas reacciones de gobiernos y grupos son en el sentido del uso de las armas para sofocar a estos grupos extremistas.
Aunque ahora, como en este caso, encuentran los gobiernos que quieren combatir el “terrorismo de extremistas religiosos”, un grave problema y es que estas personas son connacionales, o sea que son ciudadanos Belgas -y no de nacionalidad árabe-, a los que tradicionalmente se han achacan este tipo de atentados, los que ahora realizan los ataques dentro de los territorios agredidos.
Es pues una situación compleja a nivel de nacionalidades, pero en el fondo es todavía más profundo el problema, pues contiene un ingrediente religioso y de búsqueda de identidad y convicciones de grupos sociales que no los encuentran y se sienten segregados independientemente de su origen racial.
El elemento de fondo, es que el actual esquema que presenta este mundo a las nuevas generaciones, es el de una lucha feroz por el logro de bienes materiales, en una competencia inmisericorde que ensalza a los que más ganan, poniendo en el centro como su dios al tener, y a costa y por encima de los demás seres humanos.
Como reacción a las frustraciones, que tienen muchos jóvenes, por este mundo que les ha tocado vivir, quienes han quedado relegados a los “logros” de esta era del tener y aun cuando logren estos jóvenes tener bienes materiales, estos no llenan sus anhelos y siguen viendo un mundo injusto para gran parte de la humanidad y son por tanto presas fáciles de convicciones religiosas, que les prometen la felicidad de llegar al paraíso, si agreden al mundo de los “infieles”.
Es pues una visión religiosa, en mi punto de vista distorsionada de un dios vengativo y excluyente, contrario a lo que predicó Jesús en su paso por este mundo, el de amarnos todos, poniendo en el centro de su Amor a todos los hombres sin distinción alguna.
Muestra de ese “Amor incondicional de Jesucristo”, es que entregó su vida por toda la humanidad sin exclusión alguna.
Pienso que es un camino errado, el que los gobiernos del mundo piensen combatir la violencia con más violencia, cuando el origen del problema, es que este mundo no ha puesto en el centro de su atención al ser humano, sino la lucha por las cosas materiales y no le importa su suerte, muestra de lo mismo es que mueren millones de seres humanos de hambre y se plantean para colmo negocios a futuro que funcionen con puras máquinas de “inteligencia artificial”, que generen ganancias, a costa de la desocupación de muchos seres humanos.
Creo que mientras no pongamos, en el centro de nuestras preocupaciones, como lo plantea Jesucristo, -al ser humano-, estaremos sembrando mayores conflictos que nunca lo solucionaran las armas, sino que al contrario se acrecentaran los problemas.
Por eso, ojalá que la humanidad haga eco del mensaje de Cristo, de amarnos todos como hermanos y tendernos la mano y que el objetivo de esta civilización sea por fin el ser humano.
¿No lo cree usted así, amigo lector?.- AAGA.