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Canoa, precisa Felipe Cazals, no es una película sobre el 68. “Es una historia de un linchamiento, no es ficción, que ocurre en el universo rural mexicano donde el alcoholismo, el despojo y el fanatismo son protagonistas. El contexto sí lo da el momento histórico del 68: la propaganda gubernamental anticomunista y aquel discurso contra ‘los jóvenes glandulares que dicen leer a Marx y a Marcuse’, mechudos que mejor harían cortándose el pelo, y las octavillas que pegaban en la puerta de la parroquia alertando sobre los estudiantes que iban a llegar al pueblo a violar a las muchachas y a robarse los bienes de los campesinos.

De lo que estoy hablando es de la responsabilidad compartida entre la Iglesia, representada por el párroco, el padre Meza, y el gobierno de Puebla, que es quien daba al cura las concesiones de la luz, el teléfono y el permiso para pasar ganado.

Por: Vicente Rodríguez.